La cita con Elisa ¡borrón y cuenta nueva!

La cita con Elisa ¡borrón y cuenta nueva!

Por Mauricio Aranguren Molina

Haz abrazado a una persona portadora del virus del Sida? Yo sí. Y es una de las experiencias más impactantes que he vivido. Perdón si mi pregunta es demasiado directa y hasta impertinente, pero te cuento por qué la hago.

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Abrazar o dar la mano a un portador de VIH, no contagia, pero si deja una marca indeleble en el alma. Sucedió en el año 2003. A mi amigo no lo volví a ver, pero nunca lo he olvidado. Un día, a bordo de un taxi me dijo:

“No es lo mismo saber que te puedes morir en cualquier momento a que te morirás en diez o tal vez veinte años, eso si tienes suerte y dinero…”

A mi amigo, los que uno hace en el ejercicio del periodismo, lo recordé el pasado primero de diciembre, día mundial de la lucha contra el VIH.

Me disponía a salir del hotel, en la ciudad de Guadalaraja México, intentaba apagar el televisor mientras me preguntaba -¿qué me falta por ver en ésta feria del libro?- entonces me detuvo ante la pantalla un número y la imagen del gran estadista Nelson Mandela, también su voz, lo escuché decir :

“…4664 fue el número al que trataron de reducirme, durante 18 años de prisión, en Robben Island. Hoy millones de seres humanos pueden terminar reducidos a una cifra de muertos, si no actuamos ya… El Sida no es sólo una enfermedad, es mucho más: un asunto de derechos humanos…”

En ese instante sentí escalofrío y con la rapidez de la mente, evoqué el miedo soterrado que me provocó, desde el primer pinchazo con la hipodérmica hasta la llegada de los resultados, la famosa prueba de Elisa.

Por suerte el de arriba  se acordó de mí y me dio otra oportunidad en este mundo. Entonces prometí portarme bien, lease: usar preservativo siempre.

Pensé en las personas que aún no se  han hecho la prueba y mantienen relaciones sexuales, extra-matrimoniales, pre-matrimoniales o simplemente, no se van a casar y van de unión libre a unión libre. Para los efectos es casi lo mismo.

Cuando uno se casa, lo hace también con la familia de la esposa y a veces los nuevos parientes resultan una maravilla, ¡que bonita familia!  Sin embargo otros no tienen la misma suerte y se encuentran con  el mismo infierno.

De manera similar, antes del matrimonio, en cada relación sexual uno se acuesta con algo más desconocido e impredecible que una familia metiche: el pasado sexual de la pareja.

En resumen se  comparte sangre, con todos los ex de su novia, y las ex novias de los ex de su novia… ¡así de sencillo!  ¡Tenáz!  eso sin contar mi propio pasado, su propio pasado.

El gran error, de todos los intentos por crear conciencia sobre la dimensión del problema del SIDA, ha sido la ausencia de un elemento concreto: Una prueba gratuita.

Que es cara, tal vez, pero cuánto vale una vida? Y una vida infectada de VIH, cuanto más?. Éstas son las preguntas a las que deben dar respuesta los verdaderos estadistas o los políticos que aspiren serlo.

Realizar millones de pruebas, nos puede tomar, un tiempo y algún dinero significativo, pero nada comparado a los efectos positivos que generaría.

Creo que cualquier país serio podría realizar esta campaña y dejo la inquietud abierta, hasta propongo un nombre:

¡Borrón y cuenta nueva!

La aparición de Nelson Mandela  en aquel televisor, por en canal MTV, me hizo pensar en todo esto. El premio Nobel de la Paz, daba inicio a un concierto de rock transmitido en simultanea a más de 180 países,  con el fin de recaudar fondos  para su segunda gran batalla, un reto superior al que implicó acabar con la segregación racial en Sur Africa:  salvarle la vida a tres millones de africanos portadores del VIH, que no tienen acceso medicamentos.  “…el SIDA a causado ya más muertes que todas las guerras mundiales juntas…” decía Mandela, sobre un atrio marcado con el número que le asignaron durante sus años de injusto presidio. Ese número, que paradoja, es ahora un símbolo y la dirección de una página web, www.46664.com, la cual  pretende recaudar 5.500 millones de dólares, para atender la tragedia en África.  Las cifras son impresionantes, cada diez minutos muere en el mundo una persona, victima del Sida. Pero éstos datos por muy impresionantes que sean, inclusive en Colombia dónde sólo la mitad de los infectados recibe los medicamentos y aún no se sabe cuantos son portadores, no nos impresionaran lamentablemente, hasta que no nos encontremos con el problema cara a cara.  Una forma de enfrentarlo y no esperar que él llegue a nuestra puerta sin avisar, es tomando conciencia de la necesidad de ir al laboratorio y realizarse la prueba. Para beneplácito del clero, en tal proceso no hay nada inmoral, y podría afirmar que es una buena forma de recordarnos que Dios existe, pues las horas que tardan en  darnos el resultado, se pueden parecen al transcurrir  de las horas en  el purgatorio. En esos instantes, el alma pena como nunca, pero cuando aparece el resultado y reza: Negativo. Uno exclama: ¡Dios Existe!

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